ACARICIO
cucarachas
y mecedoras saturaras
de sinrazón.
Se sublevan
los compases del otoño
y el invierno
se dedica a desvanecer ardores.
Engullo hormigas,
cantimploras secas de ti,
adornos de afecto
perdido, notas amargas,
sinfonías de
un recorrido incomprendido…
Enseguida
llega el rapsoda con su laúd
de ingenuidades
y padecimientos opacos;
él se tiñe de
sensatez ante el mundo,
radicalmente
feliz, se eleva por encima
de la hipocresía
y, ciertamente,
fallece sobre
las manos de Morfeo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario