2 de enero de 2013

RADICALMENTE



ACARICIO cucarachas
y mecedoras saturaras
de sinrazón.

Se sublevan los compases del otoño
y el invierno se dedica a desvanecer ardores.
Engullo hormigas, cantimploras secas de ti,
adornos de afecto perdido, notas amargas,
sinfonías de un recorrido incomprendido…

Enseguida llega el rapsoda con su laúd
de ingenuidades y padecimientos opacos;

él se tiñe de sensatez ante el mundo,
radicalmente feliz, se eleva por encima
de la hipocresía y, ciertamente,
fallece sobre las manos de Morfeo.
 

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