Amamántate
de excretas,
soborna
al ofuscado que todo lo ve,
gestiona
tu vivacidad
de
hombre achacoso
como
si fuera una flecha
y
fenece si es que debes fallecer.
Haz
del placer un automatismo,
mastica
pescado sin tirarte al mar,
no
nades cuando el océano sea
un
entresijo de frustraciones
y
gira tu rostro ante la simulación.
Devora
la luna roja
y
sostén la demora de los días
que
a secas se basan en ideas precarias
de
unos seres taciturnos
que
no logran mantenerse en pie;
haz
del placer una práctica
y
aúlla siendo la luna roja
el
inicio del esperado Final.

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